Turismo y Cambio Climático

 

Para atenuar los efectos del cambio climático, el turismo también debe reducir significativamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. 

En la casa, en el trabajo, en un café, en la calle; en cualquier lugar se discute y se analiza el tema del cambio climático. Eso da cuenta de su importancia, del impacto que ha llegado a tener en la población mundial. Se trata de un problema que por su connotación a nadie deja indiferente. Es que, por estos tiempos, ya nadie duda que repercute en todo el entorno y afecta a todas las personas.

El turismo, por cierto, no está ajeno a este fenómeno. Y tanto como afectado como causante, toda vez que su actividad genera millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Incluso, la propia Organización Mundial de Turismo (OMT) ha señalado repetidamente que esas emisiones seguirán creciendo a gran velocidad si no se adoptan medidas para impedirlo.

De ahí que la mitigación de las descargas de CO, y de Gases de Efecto Invernadero (GEL) en general se esté convirtiendo en una prioridad para el turismo. En ese sentido, la OMT sostiene que las políticas al respecto deben tener en cuenta al menos tres dimensiones: la necesidad de estabilizar el clima mundial, el derecho de las personas al descanso y al disfrute del tiempo libre y la consecución de los objetivos de desarrollo de las Naciones Unidas.

Pasos a Seguir

En un reciente informe emitido por la entidad, titulado “Cambio Climático y Turismo”, se explicitan cuatro estrategias básicas de mitigación de las emisiones de GEI generadas por esta actividad que deberían seguir los diferentes actores involucrados. Tome nota: el uso de menos energía, la mejora de la eficiencia energética, un mayor empleo de energía renovable y el secuestro de carbono mediante sumideros

A continuación se dan a conocer las propuestas que hace la OMT para lograr la materialización de esas líneas de acción.

Usar Menos Energía

Ocupar menos energía es la estrategia fundamental para la mitigación de los GEI. Esta puede plasmarse alterando el desarrollo y el marketing de los destinos (tour operadores), la elección de éstos (turistas) y modificando las pautas de transporte para reemplazar el uso mayoritario del automóvil y el avión por el del ferrocarril y el autobús.

Además, los tour operadores deberían prolongar la duración de las estadías en un lugar mejorando sus ofertas económicas, lo cual sería un método muy efectivo para reducir la “huella” diaria de carbono que dejan los visitantes. Lo anterior, sin embargo, no es nada fácil considerando que el turismo tiende actualmente al aumento de las estancias cortas.

En términos globales, los tour operadores ejercen bastante influencia en la creación de demanda de viajes que supongan un menor consumo de carbono ofreciendo servicios atractivos adaptados a las necesidades y preferencias de los turistas.

Respecto a la aviación, que es el subsector del turismo más importante, cabe mencionar que hoy se favorece la compraventa de derechos de emisión en detrimento de la sujeción de los combustibles o las emisiones a los impuestos. Es probable que esta industria se integre en breve al régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea, lo que acelerará la introducción de tecnologías más limpias.

Más Eficiencia Energética

Este es otro posible factor de disminución de la demanda de energía. Aunque todo siga como hasta ahora, se espera que la introducción de nueva tecnología reduzca notablemente las emisiones generadas por la aviación por la sencilla razón de que bajarán los gastos de combustible y mejorará el rendimiento de las aeronaves. Es probable que la menor tasa de emisiones por pasajero-kilómetro ronde el 32% entre los años 2005 y 2035.

Todas las medidas tecnológicas encaminadas a lograr que la aviación disminuya su generación de GEI contribuirían a un descenso general del total de las emisiones producidas por los viajes turísticos (excluidos los viajes por un día e incluidos todos los modos de transporte) de un 14%. Puede alcanzarse la misma caída general de las emisiones si se registran reducciones drásticas en el subsector de alojamiento. A su vez, las nuevas tecnologías aplicadas a los sistemas de transporte por tierra pueden hacer retroceder en un 7% el total de las emisiones generadas por el turismo.

Cabe considerar, eso sí, que la aplicación de los adelantos al transporte aéreo será bastante lenta, ya que para renovar la flota de aviones se necesitan varios decenios tomando en cuenta que su vida útil es larga.

Fuentes Renovables

El análisis de la OMT constató que prácticamente todas las fuentes renovables de energía son aplicables al turismo, incluidas las de tipo eólica, fotovoltaica, heliotérmica, geotermal, biomasa y la regeneración de energía mediante desechos.

Otros estudios se han centrado en determinar la factibilidad de aplicar energías renovables en las actividades turísticas, especialmente en zonas insulares donde el abastecimiento energético mediante combustibles fósiles es caro y corre el riesgo de interrumpirse. La conclusión a la que han llegado los expertos es que su empleo, por lo general, es viable desde una perspectiva tanto técnica como económica.

Por ejemplo, en numerosos destinos de los trópicos las inversiones en energía solar pueden empezar a ser rentables en un plazo de apenas dos años. Los biocombustibles también podrían contribuir a la sostenibilidad de los sistemas de transporte, aunque sólo se pueden utilizar en una proporción máxima del 10% en promedio en el sector del transporte en su conjunto.

Almacenamiento de CO2

El CO2 es perfectamente almacenable en la biomasa (plantando árboles o evitando la deforestación), en acuíferos, océanos y en sumideros geológicos (como yacimientos de gas agotados). En el sector del turismo se procede de ese modo mediante compensaciones o contrapartidas de las emisiones de carbono, es decir, reduciendo en otra parte, como por ejemplo plantando nuevos árboles o disminuyendo una determinada cantidad de emisiones de GEI equivalente a la generada por otra actividad (como el vuelo de un avión).

El informe de la OMT advierte que la mayoría de los turistas siguen sin tener claro en qué consisten las compensaciones de las emisiones de carbono. Además, revela que existen indicios de que los viajeros de mayor movilidad, que representan la proporción más grande de las distancias recorridas y de las emisiones generadas, no están dispuestos a prestar voluntariamente apoyo a un sistema de ese tipo.

Induambiente

 

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